domingo, 4 de enero de 2026

EL AMOR DE MI VIDA PARTE 2

El tiempo hizo su efecto. Cada día que me encontraba con él era un nuevo y esplendoroso renacer. Me dolía como lo explotaban y le daban una paga miserable (US$5 diarios). Trabajaba en un taller de diseño de modas. Su jefe era un tipo explotador que encerraba a sus trabajadores por doce horas. 

Sobre la marcha me enteré que uno de sus mayores sueños era ser futbolista profesional. Realmente tenia el porte: 1.84, cuerpo atlético y había estado en las divisiones menores de un equipo en su país pero como todo en la Venezuela de 2017 - 2020 se había desmoronado y escapado como el agua entre los dedos.  Lo contacté con la academia patriotas, un equipo de los últimos puestos de la primera división pero que tenía su campo relativamente cerca de su lugar de vivienda. Comenzó a ir a entrenar, en los partidos amistosos destacaba y de hecho fue objeto de fotografías para el sitio web del equipo pero a la hora de jugar campeonato no era posible: su falta de documentos migratorios era un obstáculo.

Mientras eso pasaba, el estaba contento, su sueño de vestir la camiseta de un equipo de futbol se veía al menos mas cercano pero surgió un inconveniente. Su jefe, en un ataque de ira lo echó a la calle y le lastimó una mano con la puerta dejándolo sin ingresos, sin trabajo, sin casa y sin esperanzas en plena pandemia. Sin embargo, sacó su casta de luchador. Aprendió por internet a fabricar de forma casera jabones para ropa, desinfectantes y productos de ese tipo. Era una idea espléndida! Era lo que la pandemia había puesto en el primer lugar de necesidad: desinfección. Lo ayudé con el capital inicial, fabricó todo en mi casa y se iba a vender puerta a puerta tratando de hacer algo de dinero. Mientras vivía en una pequeña habitación alquilada. Realmente era fea con gana, poca luz, una casa que parecía un laberinto y cero charla pero era su techo, el que podía pagar.

Paralelamente, surgió otra situación. El gobierno de Colombia abrió la opción de obtener un documento que daba estatuto temporal de legalidad a los venezolanos. Yo lo apoyé con una declaración extrajuicio y se presentó para hacer los documentos. Eran filas interminables para obtener el permiso y buscar cita por internet a horas absurdas para lograr la finalización del proceso.

Yo había notado su extraordinaria habilidad para los sistemas. El era un gran autodidacta al respecto. Cuando en Venezuela todo se desmoronaba y los colegios perdían profesores por la migración, el se refugió en la Canaima (una computadora básica que el estado había regalado) y aprendió mucho de sistemas, programación, redes y algo de hackeo.

Por esos días, la Diosidencia estuvo de nuevo en el camino. Escuché de una academia argentina que enseñaba en línea para formar programadores full stack con un formato interesante. Solo pagaban cuando estuvieran ganando cierta cantidad de dinero y les descontaban de su contrato. Le presenté la oportunidad y se metió de cabeza en las clases. Lo veía tan ilusionado y feliz escuchando las clases, aprovechando cada apunte, viendo videos de aclaración y por supuesto aprobando las pruebas. Fueron cuatro meses en este caminar hasta que obtuvo su certificado. Estábamos felices porque el premio venia doble: El estado colombiano le había concedido el estatuto temporal de protección y con ello el derecho a circular, trabajar y hacer negocios legalmente en Colombia. Esta situación hizo que tomáramos la decisión de vivir juntos. No tenía sentido estar separados cuando se la pasaba en mi casa mas días que en su habitación y el dinero que recogía podía aportarlo acá. Además debía tener un lugar adecuado para estudiar.

Eramos felices, su futuro legal estaba abriéndose y nosotros viviendo juntos. No podía creer que tanta felicidad me llegara tan de golpe y en medio de una situación de adversidad para todo el planeta. Me sentía el hombre más feliz del mundo.

sábado, 3 de enero de 2026

EL AMOR DE MI VIDA PARTE 1

Era el año 2021. El aire olía mal y se veía peor. Caminaba como zombie entre esta ciudad, lleno de miedo y ansiedad. Teníamos una pandemia encima, yo un diagnóstico crónico, una hipoteca sin pagar, un padre con EPOC, una familia de sangre lejos y un hijo adoptivo que se desesperaba en casa. Estaba aterrado. Vi salir dos cadáveres de mis vecinos. Por otro lado, estaba al borde del colapso porque mis grupos de facebook no cesaban de clamar por ayuda: la gente tenía hambre.

Doy contexto de lo último. Desde 2016 era voluntario virtual para ayudar a los migrantes venezolanos. Esa tragedia humanitaria desbordó a los gobiernos y requería orientación desde cosas tan básicas como: donde hacer mercado barato, donde obtener ingresos, como matricular a los niños al colegio hasta como obtener la doble nacionalidad, como obtener un divorcio o como homologar títulos universitarios.

Salía de la clínica de recibir un diagnóstico intermedio. El tratamiento iba bien pero no estaba completo. Caminé dos cuadras y me encontré con un local nuevo de artículos para mascotas. Al salir veo la silueta de un hombre muy atractivo que venía hacia mi con una sonrisa encantadora. Caminaba con sensualidad e inocencia. Me saludó y me dijo que estaba perdido. Era venezolano joven y guapo. Entablé conversación con él y le invité un café. En efecto estaba perdido y estaba algo retirado de su trabajo. Me relató como había salido de su país con el objetivo de ayudar a su familia, había recorrido kilómetros en un camión de mangos, luego se había subido en un carro como cargador, dormido en la calle y finalmente cruzar frontera de forma ilegal. Todo con la ilusión de tener libertad y de ser un apoyo para su familia. Tenía solo 19 años y me pareció el hombre mas valiente del mundo. No estaba bien alimentado pero yo solo veía un hombre inteligente, con buen léxico, con valores y con sueños.

Durante tres meses hablamos, nos vimos a escondidas de las autoridades, charlábamos poco tiempo entre los toques de queda, las restricciones de documento y el tiempo que su trabajo le dejaba. Su jefe lo tenía encerrado en situación de semi esclavitud aprovechando su condición de migrante sin documentos, de joven y de persona sin nadie en el país. Sin embargo sus ganas de vivir, sus anhelos de ser mejor, sus sueños de triunfo y su amor por su familia eran un motor que no cesaba de animarlo.
Y si, me fui enamorando a pesar de que mi cabeza me decía "es muy pequeño no te metas ahí". Sin embargo ver sus lágrimas de dolor porque su jefe lo golpeó, su esfuerzo por hacer rendir su magro sueldo, su interés en ser jugador de futbol profesional, su espíritu de lucha me terminé enamorando.

No le dije nada, respeté siempre su persona y su cuerpo. No porque no tuviera sentimientos al respecto sino porque tenía que esperar un diagnóstico. El 04 de abril me llegó el resultado: era indetectable. Ahora debía afrontar mi mayor miedo: decirle la verdad.
Ese día lo llevé al park way, caminamos y hablamos, la charla parecía de relleno porque ambos teníamos cosas para decir. Solo acerté a hablar cuando ya estábamos frente a la estatua de José Prudencio Padilla. Le dije que tenía sentimientos por el, que tenia miedo de decirle porque era seropositivo para VIH y que solo quería hablar cuando hubiera logrado ser indetectable. Estaba enamorado de él y que entendía que si no quería tener nada conmigo era comprensible pero que no podía quedarme callado. El me miró y solo respondió con el mas maravilloso beso que haya recibido.
 

Y si al final del camino la vida no te encuentra triunfante, que por lo menos te encuentre luchando!